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viernes, 28 de septiembre de 2018


Recordando Editorial Fundamentos (Colección Espiral)


Siempre se cuenta la siguiente anécdota y es que cuando se lanzaba la típica pregunta en la España de los 80 y los 90 acerca de que grado de conocimiento se poseía del idioma inglés, la respuesta de la gente solía ser asiduamente: “Nivel Medio”.
Dentro del rock y para ayudarnos a comprender con mayor exactitud a los astros internacionales y lo que expresaron en sus letras, la madrileña Editorial Fundamentos nos ofertó, dentro de su vasto catálogo, su Colección “Espiral” en su muy concreto apartado de “Canciones”.
Fundada dicha factoría en 1970, “para dar a conocer determinadas corrientes de pensamiento crítico positivo que el régimen franquista silenciaba y perseguía”, según su propia autodefinición, se ha de matizar que aquel área tan específica de las traducciones de canciones abarcó desde 1981 hasta 2003, aproximadamente. Una franja temporal en la cual se lanzaron 100 obras, la casi totalidad de las mismas de trasvase inglés-castellano y siempre acerca de infinidad de músicos legendarios.
Sin embargo, la excepción confirma la regla y también irrumpió alguna biografía pura y dura como, por ejemplo, la primigenia apuesta-piloto rockera de la propia compañía, titulada ésta: Janis Joplin, enterrada viva y refractada la misma por su confidente Myra Friedman en 1973; con traducción de 475 páginas para Fundamentos en 1976, realizada Ppor Graciela Colombo y Mariano Aguirre.
Sin embargo, lo habitual con Espiral “Sección Rock” fue el serio asunto de las letras de canciones en formato bilingüe, que es lo que trataremos ahora con mayor detenimiento y como dije, comenzó ésto, en realidad, en el año 81.
Estas perlas escritas eran de tamaño 11,5 x 20,5, portada a color, entre 150 y 200 hojas (normalmente) y alguna que otra aislada imagen interior en blanco y negro.
Solían arrancar con una serie de prólogos muy instructivos donde, en muchas ocasiones, se exponía una síntesis de la historia del combo en cuestión o también un adelanto de las tendencias generales que seguían los significados de las melodías de tal o tal artista. Después, obvia y naturalmente, se pasaba a la obligada selección de temas con los párrafos y versos confrontados de ambos idiomas, en las páginas pares e impares.
En algunas ocasiones, se repetía el artista si su número de álbumes era muy extenso y si con un solamente tomo no bastaba. The Beatles llegó a acumular hasta 3 libros de este corte y también Jim Morrison arribó hasta esa cantidad, incluyendo sus poemas no musicados, siendo ambos los que más poseían en esta recopilación. Comentar que también existieron en “Espiral – Canciones” unos pocos tomos que reunían varios intérpretes, creando así una especie de antología con los más jugosos párrafos de cada uno de ellos.
Un primer inciso sobre las opcionales instrucciones de uso. Por aquellas épocas, en ocasiones escuchabas un LP mítico mientras mirabas las letras correspondientes que venían en estos pioneros libros o también leías sus líneas mientras tarareabas tú mismo y de memoria la canción correspondiente o sencillamente, las comprobaba uno dichas frases traducidas, por curiosidad, sin sonido y por el mero goce de la lectura.
Citaremos, por fin, a algunos de los más prominentes autores que formaron parte de todo aquel laborioso cometido y el primero al que hay que referirse sin falta es a Alberto Manzano que, a lo largo de varios lustros (en solitario o con la colaboración de otros autores) dirigió y nos ofreció la traducción de los temas de la propia Janis Joplin, los mencionados The Beatles, Paul Simon, George Moustaki, Elton John, Jim Morrison, Elvis Presley, Brian Ferry, Joy Division, Leo Ferré, Peter Gabriel, David Bowie, Dire Straits, Nick Cave, Led Zeppelin, Neil Young, The Smiths, J.J. Cale, Peter Hamill, Marianne Faithfull, Suzanne Vega, Bruce Springsteen o por supuesto, Leonard Cohen, muy amigo éste del propio Manzano.
Este reconocido autor barcelonés también tradujo y creó libros, para Fundamentos, donde aparecían varios músicos como antes se sugirió. Por ejemplo, los titulados Poetas malditos del rock (John Cale, Kevin Ayers, Elliot Murphy y Lewis Furey), Folk-pop femenino con la colaboración de David S. Mordoh (Suzanne Vega, Tanita Tikaram, Michelle Shocked, Sinead O´Connor y muchas más) y también Antología 1987 (sobre los propios Tom Waits, Springsteen, Suzanne Vega, Marianne Faithfull y Nick Cave, además de Tom Verlaine).
En definitiva y fraseado llanamente: Alberto Manzano se erige como todo un referente y un mito en la traducción rock (y más géneros) en España, sin duda y quizás, el más trascendente y prolífico en el seno de la Editorial Fundamentos, dentro el apartado musicómano que hoy tratamos, torno a recalcar.
Una autora a revindicar también es, sin duda, la editora de la propia Fundamentos como es Paula Serraller, la cual dirigió o fabricó ella misma el trabajo de transcripción con Jethro Tull, Bon Jovi, Nirvana, Pearl Jam, otro de Springsteen, Metallica, The Kinks, Bob Marley, Van Morrison, Abba, Iron Maiden, AC/DC, Kiss, The Police o Sting.
Además, se ha de mencionar siempre a otras autoras y autores de esta colección “Canciones”.
Por ejemplo, Marta Olmos Gil en solitario, ejecutó la traslación al castellano de los discos de Blur o Genesis (o también de Oasis o Simon y Garfunkel, ambos en armonía con la propia Paula Serraller).
Un segundo inciso ahora acerca de la fuerza femínea. Fundamentos es una editorial donde las mujeres adquieren especial protagonismo a través del holgadísimo elenco multitématico de la propia empresa (no solo en música sino en otros muchos terrenos literarios que promovió esta casa capitalina).
Luriano, Laura Cohen Y Rafael Martínez Castellote interpretaron en equipo el repertorio de Pink Floyd, donde el propio R.M. Castellote forjó una introducción épica y de magno lirismo acerca de Roger Watersy compañía. Así pues, lo considero uno de los mejores ejemplares de toda esta gama de la Editorial.
Ana María Martín Machado transcribió Simply Red, Isabel Marcillach y Maite Egoscozabal efectuaron lo propio con U2, Miguel Comamala con Prince (colaborador éste además en varios libros del propio Alberto Manzano), Isabel Cardona con The Cure (de nuevo, con el auxilio del incombustible Manzano), Domingo Corral con Phil Collins, Jaime Sánchez Ratia con Tracy Chapman, Pilar Calvo con Jacques Brel, Marisol De Membrillo con Queen (parte I), Carmen Domenech con Queen (parte II), Carlos Vergara con Jimi Hendrix, Alberto Cajal con Tom Waits, Raquel Vázquez con The Who y Green Day, Amparo Pérez con Creedence Cleawater Revival, Carlos Alvarez con Dylan (parte II), Ana María Romero con Charles Aznavour (siempre se hacía transposición de alguno que no era rock o también desde otro idioma que no fuese el inglés, en este caso el francés) o Micaela De Maza con The Verve.
Algún que otro traductor/a o colaborador/a adjunto más me dejé de mencionar pero ésto anterior ya ha constituido un ejemplo ilustrativo del numeroso personal que permaneció implicado, en mayor o menor medida desde 1981, en ese reto llamado “Espiral – Canciones” con su centena de maravillas editadas. Vaya este pequeño tributo, con su nombre en mayúsculas, para todos estos profesionales que trabajaron para este valiosísimo proyecto de Editorial Fundamentos, durante algo más de 20 años. Muchos melómanos derramamos nostalgia acerca de todos estos rockeros travases de alto nivel y en papel, los cuales nos marcaron positivamente durante dos décadas, ya consumidas las mismas.
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jueves, 27 de septiembre de 2018


Libro: ¿Quién cantará en tu entierro? – Juan Carlos León (Jot Down Books)



Cualquiera que haya asistido a un funeral últimamente, espero que seáis muy pocos aunque lamentablemente todos pasamos por ese trago en algunos momentos de nuestras vidas, sabe lo triste y desgarrador que es esa experiencia. También sabréis, por lo que vemos en películas y documentales, que no en todos los países es así. En algunos, como en México, la muerte se vive no sé si puedo decir como una fiesta, pero al menos con más naturalidad y menos dramatismo que en España y otros países de nuestro entorno. En los Estados Unidos, sobre todo entre la comunidad afroamericana, al menos si nos tenemos que fiar de lo que vemos en funerales de cantantes famosos y lo que nos transmite Hollywood, ocurre algo parecido. Allí tienen esa maravilla que se llama góspel, claro, y esos grandes cantantes soul que transmiten paz y vida con sus canciones. En el ámbito anglosajón es más habitual pensar en la música que podría sonar en tu propio funeral; aquí, de momento salvo entre los muy melómanos, solo la idea de poner música en un funeral resulta, siendo benévolos, una frikada.
Juan Carlos León, guitarra de la banda sevillana de garage The Smoggers, ha escrito un libro llamado ¿Quién cantará en tu entierro? que ha editado Jot Down. Tal como os podéis imaginar por su título, el libro habla del funeral de unos cincuenta músicos célebres, la música que sonó (o no) en sus funerales, las circunstancias y anécdotas que allí tuvieron lugar. Todo ello con un prólogo excelente obra de Carlos Zanón (quien despliega sus conocidas dotes literarias para finalmente acabar confesando cuál es la canción que le gustaría que sonara en su despedida de este mundo) y con algunas no menos espléndidas, aunque algo tétricas, ilustraciones obra de El Ciento (Antonio J. Moreno). El autor confiesa, en la introducción, que este ensayo nació tras leer 31 Canciones, de Nick Hornby, obra en la que el escritor británico revelaba cual era la canción que quería que sonara en su funeral: “Caravan”, de Van Morrison. Concretamente la versión del enorme disco en directo It’s Too Late To Stop Now. También comenta jocosamente la extraña situación que se produciría cuando, en medio de la canción, el irlandés empezara a presentar a su banda…
Portada del libro de Juan Carlos León
Desde Hank Williams hasta Chuck Berry, algo más de cincuenta funerales de otros tantos artistas pasan por las hojas de este pequeño pero entretenido libro. Lógicamente no están todos los grandes nombres que nos han ido dejando en estos últimos cincuenta años pero, como suele decirse, sí que son todos los que están: grandes figuras del jazz, el blues, el soul y otros estilos musicales como, además de los anteriormente mencionados, Dinah Washington, Sam Cooke, Jimi Hendrix, Janis Joplin, Elvis Presley, Bob Marley, Marvin Gaye, Nina Simone, Johnny Cash, Phil Lynott, Chet Baker, Ian Dury, Carl Perkins, Mahalia Jackson, Clara Ward, Solomon Burke, Etta James, Professor Longhair o James Brown, entre otros. Un funeral este último, el del llamado padrino del funk, que fue retransmitido en directo para todo el mundo y que muchos guardamos en la memoria como un gran espectáculo. Como también lo fue el de Aretha Franklin, lamentablemente fallecida recientemente y que, lógicamente, no ha podido entrar en el libro. Tampoco entra el de Gram Parsons (más famoso por las circunstancias posteriores a su sepelio), aunque es protagonista colateral del de Clarence White.
El libro de Juan Carlos León, a pesar de su brevedad (no llega a las 150 páginas, con apenas dos o tres por artista), ofrece multitud de datos y anécdotas. Algunas ya muy conocidas, otras no tanto. Sabemos así que Big Bill Broonzy, en plena era de la segregación, quiso que su ataúd fuese portado por cuatro personas blancas y otras cuatro negras; que Janis Joplin dejó pagada una gran fiesta para que todos sus amigos se emborracharan; que Ian Durymanifestó su voluntad de tener un carruaje con la urna de cristal y caballos con penachos para su funeral, y así fue; que algunos músicos, como Junior Wells, eran enterrados con sus instrumentos (en este caso era sencillo, puesto que era armonicista); finalmente, que no todos los funerales de grandes artistas eran plácidos y armoniosos: que se lo digan a los familiares de James Brown o Chet Baker. Una anécdota final (no sé si esto puede considerarse spoiler) es que, a pesar de que en el momento de escribir estas líneas sigue vivito y coleando, un capítulo del libro está dedicado a Quincy Jones. A mediados de los 70 el genial productor y compositor fue intervenido de una serie de infartos cerebrales a vida o muerte con poca confianza por parte de todos, incluido el equipo médico, en que el paciente saliera con vida de la operación. Tanto es así que su funeral ya estaba preparado. Contra todo pronóstico, Quincy Jones despertó a tiempo para ver al reverendo Jesse Jackson preparado para darle la extremaunción. La fiesta ya estaba organizada y los amigos, entre ellos Ray Charles o Marvin Gaye, preparados, así que Quincy se convirtió en uno de los pocos seres humanos que han asistido a su propio memorial.
Aparte de conocer anécdotas y datos, es un ejercicio interesante y muy instructivo para el lector más melómano repasar las canciones que sonaron en todos esos funerales. Por supuesto los espirituales se llevan la palma, con temas como “Amazing grace” o “Just a closer walk with thee” como los más socorridos, pero en muchos casos eran los propios éxitos de la persona fallecida, o sus canciones preferidas: en el de Johnny Cash sonó el “Every grain of sand” de Dylan, en el de Kirsty McColl lo hizo “Good vibrations” de los Beach Boys, en el de Marley se cantó el “Amen” de Curtis Mayfield (uno de los grandes ídolos del jamaicano) y “Will the circle be unbroken” en el de Duane Allman. También resulta curioso echar un vistazo a los nombres de los reverendos que oficiaron muchas de las ceremonias: ahí están casi siempre, según la época, Jesse Jackson, John Garcia Gensel (que, por cierto, es el personaje que ocupa la portada) o C. L. Franklin, el padre de Aretha Franklin, cuya voz se pudo escuchar desde muy joven en más de una de esas ceremonias.
Un libro ameno y de entretenida lectura, a pesar de la aparente seriedad del tema tratado.
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